En cada etapa que vivimos los seres humanos, el yoga nos puede beneficiar física, mental y espiritualmente . En las mujeres, provee herramientas que nos ayudan en diferentes etapas como la menstruación, embarazo, postparto, menopausia, entre otros. Sobre todo, nos ayuda a lidiar con el estrés diario de llevar diferentes roles a la par con la maternidad.

Así fué como me enamoré del yoga. Encontré que me ayuda a ser mejor persona a la vez que complementa el equilibrio que necesita mi cuerpo, mente  y espíritu. Si aún no te has convencido, hoy te presento las razones por las que descubrí que el yoga me ayudó a ser mejor mamá.

1. Amor compasivo por mi y los demás. 

La práctica del yoga me ayudó a ver todo desde la perspectiva del amor, procurando siempre observar lo mejor de cada persona o situación. Yoga se traduce en unión y nos recuerda que todos somos uno, que cuando nos vemos como espejo aprendemos a perdonar y fluir. Esta filosofía de vida me ha ayudado a ver la vida desde la perspectiva del amor, viviendo cada día con propósito y pasión.

2. Estar presente.

El reto continuo que tenemos las madres es detenernos. Estar presente es desarrollar la consciencia de disfrutar cada momento en el aquí y ahora, lo que nos permite conectarnos para vivir cada día con intención y gratitud. Esto como resultado ha elevado mi espiritualidad. Aprender a ver el regalo que cada día trae consigo y saber que hay un poder superior que todo lo puede es sin duda uno de los mejores regalos que esta práctica me ha dado.

3. Mi salud es prioridad.

Entender que si yo no estoy bien, nada va a estar bien a veces nos cuesta a las madres. Nos enfocamos tanto en nuestras familias que olvidamos prestarle atención a nuestras necesidades. Escuchando mi cuerpo aprendí a ser consciente y tener balance. Cuando no lo hacemos nuestro cuerpo somatiza las emociones y enferma. Aprendí que dormir bien, meditar y relajarme es tan importante como alimentarme bien y hacer ejercicios. ¡Todo son pequeños pasos hacia una vida plena y feliz! Además, ver que mis hijos son esponjas que absorben todos los hábitos que tengo me ha ayudado a crear el compromiso que no tenía conmigo misma. Puedo decir que verlos adoptar un estilo de vida saludable y querer ser parte de sus vidas hasta “viejita” es mi mayor motivación para continuar cada día.

4. Cultivar la paciencia.

El yoga y la meditación me ayudaron a ser paciente y a cultivar la resiliencia. Parar a respirar y sentir es una necesidad biológica que todos debemos practicar para fortalecernos tanto física como emocionalmente. He aprendido que muchas de las cosas conllevan un proceso de aprendizaje, que nos podemos equivocar y que no siempre voy a lograr el resultado esperado pero que todo tiene un propósito. Tomar la pausa nos ayuda a observar antes de reaccionar, fortalece nuestra mente y cuerpo para ser más tolerantes con las situaciones inesperadas de la vida.

5. Consistencia es la clave del éxito. 

No todos los días nuestros hijos van a escuchar, no todos los días vamos a poder lograr las asanas de igual manera, pero mantener la consistencia y determinación es sin duda la clave del éxito para ambos. Es vital liberarnos de miedos y creencias limitantes para poder evolucionar. Las mujeres, y sobre todo las madres, debemos ser persistentes cuando se trata de recuperar fuerzas para movernos hacia adelante y el yoga me ayudó a recuperar la confianza en mi poder interno.

6. Dejar de competir. 

En el yoga no hay competencia, eres tú contigo misma en el mat. Las madres tenemos muchos roles con los que deseamos cumplir a cabalidad. Nos presionamos por ser la mejor mamá y llevar a nuestros hijos al máximo de sus capacidades, pero con el yoga aprendí que la vida no es una competencia. Que cada cual esta haciendo lo mejor que puede y no se debe juzgar ni “mirar para el lado” comparándonos, el verdadero crecimiento viene desde adentro. La maternidad al igual que el yoga es una experiencia íntima y mientras lo hagas con amor lo estas haciendo bien. Cada camino es individual y no hay uno mejor que otro.

7. ¡Ser feliz!

El yoga en el aspecto físico sube las endorfinas (comúnmente llamadas hormonas de la felicidad) necesarias para elevar nuestra energía. Además, despierta la respuesta parasimpática del sistema nervioso, lo que ayuda a calmar los nervios y a reducir la inflamación crónica que el estrés produce en nuestro cuerpo. En el aspecto emocional, es como un detox metal para calmar nuestros pensamientos y aprender a ser más positivas, creativas, encontrar mejor soluciones a nuestros problemas y por ende…  SER MEJOR MAMA!

 

 

 

La foto que ven tiene 2 años. Un momento especial que representó crecimiento y evolución en los tres, siempre unidos… siempre amándonos.

¡Feliz día de madres!

Con amor,

Nayda

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