Por Dra. Leslie Y. Vega
¡Qué Mamey! 

 

Cada vez son más las personas que por motivos de salud, ética hacia los animales o conservación y respeto al medio ambiente se suman a un estilo de alimentación vegano. Otros coquetean con la idea de comenzar pero no se deciden porque asumen pensamientos equivocados sobre este tipo de alimentación. ¡Hoy destrozamos 5 mitos sobre la alimentación vegetal!

 

  1. El salario se me irá en el supermercado

Una de las excusas para rechazar la alimentación vegetal es que esta es más costosa comparada a la dieta omnívora. Lo cierto es que los productos de animales como la carne, mariscos, pescados y lácteos son significativamente más costosos que los vegetales, legumbres y cereales.

Lo que sí suele ser más costoso son los productos orgánicos certificados. Su proceso de desarrollo, elaboración, criterios de calidad y transporte son mucho más estrictos pues su fin es asegurar su compromiso con el medio ambiente y la salud. Igualmente, los productos procesados como las “carnes” elaboradas con vegetales suelen ser más costosas pero no son requeridas en la alimentación vegetal, más bien son un “gustito”.

Si aún piensas que la alimentación vegetal es más costosa que la alimentación omnívora, recuerda que más cara es la enfermedad… y el hospital.

 

  1. Toma leche para que tengas dientes y huesos fuertes

Los lácteos no son fuente exclusiva de calcio y tampoco fue diseñada para nuestro consumo, sino para las crías del ganado.

El calcio es un mineral que neutraliza y contrarresta los estados ácidos del organismo. Su mayor reservorio son los huesos. Cuando la sangre presenta un pH ácido, el calcio que obtenemos a través de lo que consumimos es extraído de este y llevado a la sangre para neutralizar el ácido circulante en lugar de ser depositado en los huesos. De este modo, se mantiene el nivel de pH sanguíneo deseado y, a su vez, disminuye la densidad ósea.

Los productos lácteos y cárnicos acidifican nuestro organismo produciendo inflamación y desencadenando el proceso de extracción de calcio óseo para mantener un pH adecuado. Por lo tanto, contrario a lo que se nos ha enseñado por años, los lácteos descalcifican. Además, en los lácteos se hallan residuos de hormonas, antibióticos y vacunas al igual que grasas saturadas y colesterol.

Existen alternativas de “leches” que fácilmente encuentras en el mercado y que aportan calcio de forma natural. Entre ellas, las “leches” de almendras, semillas de sésamo, avellanas, avena, cáñamo y arroz.

Recuerda, si no proviene de tu mamá, no es tu leche, porque no fue diseñada para ti.

 

  1. Pero ¿y la proteína?

Los productos que contienen todos los aminoácidos esenciales son los productos de procedencia animal y la soya (ejemplo: edamames, tofú, tempeh). El resto de los productos vegetales contienen solo algunos y carecen de otros. Los vegetales, leguminosas, semillas y hortalizas también proveen proteínas. Más aún, solo el reino vegetal es capaz de producir aquellas que nuestro organismo requiere para ejercer sus procesos fisiológicos. En cambio, el consumo de proteína animal puede afectar la salud negativamente a largo plazo debido a su contenido en grasas saturadas, aditivos hormonales, químicos y patógenos.

La importancia de las proteínas yacen en sus componentes. Los aminoácidos son la unidad estructural de las proteínas. Son necesarios para el metabolismo, crecimiento y reparación del tejido muscular y óseo, para la formación de hemoglobina, dentina, colágeno y elastina y, para la síntesis y liberación de hormonas y neurotransmisores.

Existen 2 grupos de aminoácidos: esenciales y no esenciales. Los aminoácidos esenciales son aquellos que nuestro organismo no es capaz de sintetizar por sí mismo y que estamos obligados a adquirir por medio de la alimentación. ¿Cuáles son? Metionina, valina, histidina, isoleucina, fenilalanina, treonina, triptófano, leucina y lisina. Los aminoácidos no esenciales son fabricados por nuestro organismo a partir de otras sustancias.

La deficiencia de los aminoácidos esenciales se manifiesta en forma de anemia, insomnio, debilidad, hígado graso, pérdida de cabello, edema, debilidad, disminución de masa muscular, mareos, irritabilidad, fatiga, piel reseca y depresión. ¿Cómo lo evitamos? Como regla general, combinamos variedad de frutas, vegetales, tubérculos, semillas, legumbres, nueces y cereales a nuestro régimen alimenticio diario en cantidades suficientes para asegurarnos de obtener el aporte de aminoácidos que nuestro organismo requiere.

¿Cuál es el requerimiento diario de proteínas? Multiplica .8 por kilogramo de peso corporal, ¡y listo! Por ejemplo, una mujer de 120 libras debe consumir 43 gramos de proteínas al día y un hombre de 150 libras, 54 gramos.

 

  1. Si no como carne tendré anemia

Si esta aseveración fuera cierta los consumidores de productos cárnicos jamás presentarían anemia.

Existen 2 tipos de hierro: heme y no heme. El hierro heme forma parte de la hemoglobina de los animales y este es absorbido hasta un 25% en nuestro organismo cuando es consumido. El hierro no heme proviene de los vegetales y su absorción es de un 5%. Este porcentaje es notablemente inferior comparado al hierro heme, pero existen factores en la dieta que potencian su solubilidad.

El porcentaje de absorción del hierro no heme depende exclusivamente del efecto sinérgico de ácidos orgánicos. El mayor potenciador conocido lo es la vitamina C (ácido ascórbico), micronutriente que ayuda a aumentar la absorción del hierro no heme a un 30-40%. Se ha demostrado que incluir 25mg de vitamina C en dos de las comidas diarias duplica la absorción del hierro no heme consumido. Por esta razón, la recomendación consiste en agregar alimentos con contenido en vitamina C (ej. naranja, kiwi, limón) o ácidos orgánicos (ej. vinagre) cuando se consumen alimentos vegetales que aporten hierro no heme.

Una dieta vegetal bien planificada y llevada con responsabilidad es capaz de aportar los micronutrientes necesarios para el funcionamiento correcto de nuestro sistema y evitar deficiencias.

 

  1. ¿Ser vegano implica comer lechuga y tomate todos los días? ¡Qué aburrido!

Llevar una alimentación vegetal no implica renunciar al sabor ni a nuestros platos preferidos. Todo lo contrario. Se trata de incorporar alimentos vegetales a nuestro régimen alimenticio.

La oferta de productos vegetales es abundante y rica en texturas y sabores. De hecho, las especias y hierbas que son utilizadas para sazonar las carnes son de origen vegetal. Basta volvernos creativos y experimentar en la cocina con ellos para lograr platos que se asemejen a nuestras recetas preferidas acostumbradas y que satisfagan nuestro paladar. No es difícil. Incluso, ¡diría que es un mamey!

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Leslie Y. Vega es doctora en medicina, educadora clínica, conferenciante y creadora de ¡Qué mamey!, plataforma multimedios que nace tras haber logrado recuperar la salud por medio de la medicina natural y la alimentación centrada en plantas.

 

 

 

 

 

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